El 14 de febrero suele asociarse con amor romántico.
Pero en 2023, la psicología dio un paso interesante hacia otra conversación.
Eva Henschke publicó en The Humanistic Psychologist una redefinición formal de self-love. No como frase motivacional. Como constructo psicológico.
Y lo estructuró en tres pilares:
Conciencia interna.
Autoaceptación.
Autocuidado.
No es una idea ligera.
Es una base estructural del funcionamiento humano.
Amor propio desde la psicología: más que autoestima superficial
En la investigación académica, el término tradicional ha sido autoestima. Sin embargo, esta propuesta desde la psicología humanista amplía la conversación.
El amor propio, según esta redefinición, no es una emoción pasajera.
Es una relación sostenida contigo.
Y esa relación impacta directamente en tu presencia, tu liderazgo y tu capacidad de tomar decisiones coherentes.
No es un tema de género. Es un tema de educación emocional.
Aquí es donde la conversación se vuelve interesante.
Culturalmente, el discurso del amor propio ha sido dirigido principalmente a mujeres. Pero psicológicamente, aplica a hombres y mujeres por igual.
La diferencia está en cómo se manifiesta la fractura.
En muchas mujeres, suele verse así:
Dar hacia afuera sin medida.
Dificultad para establecer límites.
Autoexigencia constante.
Valor personal asociado al sacrificio.
Cuando la conciencia interna se desplaza, el autocuidado se posterga y la aceptación depende del rendimiento, la presencia pierde fuerza.
En muchos hombres, la fractura adopta otra forma:
Educación emocional limitada.
Desconexión del mundo interno.
Vulnerabilidad asociada a debilidad.
Autoestima ligada exclusivamente al logro.
Cuando el contacto interno es reducido y el cuidado se percibe como fragilidad, la estructura interna se rigidiza.
Diferentes historias.
La misma raíz.
¿Cómo impacta esto en tu imagen y presencia profesional?
Cuando no hay conciencia interna, decides desde presión externa.
Cuando no hay autoaceptación, compensas con rigidez o complacencia.
Cuando no hay autocuidado, sostienes resultados con desgaste.
Y esto se ve.
Se ve en la forma en que ocupas espacio.
En la energía con la que lideras.
En la claridad con la que decides.
En los resultados que puedes sostener en el tiempo.
La imagen no corrige una estructura interna débil.
La amplifica.
Por eso la presencia profesional no se construye solo desde la ropa o el discurso.
Se construye desde la coherencia interna.
El amor propio no es spa.
No es ego.
No es indulgencia.
Es estructura.
Es la capacidad de estar en contacto contigo, aceptarte sin guerra interna y tomar decisiones que protejan tu energía.
Cuando esa base existe, tu imagen deja de ser esfuerzo.
Se convierte en extensión natural de tu identidad.
Y eso es lo que verdaderamente construye autoridad.
Pregunta final
Más allá del 14 de febrero, la pregunta es otra:
¿Tu forma de relacionarte contigo fortalece tu presencia…
o la debilita?
